El rancho más grande del mundo

 

 

 

Elides Rojas

 

La XIII Bienal de Arquitectura de Venecia otorgó el León de oro como el mejor proyecto a la Torre de David, un rascacielos conocido por todos los caraqueños, ubicado en Candelaria y que iba a ser la sede del Centro Financiero Confinanzas, pero la crisis del 94 lo redujo a obra abandonada. Y así quedó por muchos años.

Cuando se puso de moda invadir propiedades y más cuando son del propio Estado, estas ruinas donde habitan unas 3.000 personas se convirtieron en el rancho vertical más grande del mundo. La bienal premió a un rancho. Los europeos que simpatizan con estas revoluciones de pacotilla encuentran en estas piraterías exóticas maneras de sobrevivir en medio de las carencias de los gobiernos autodenominados socialistas, llenos de incapaces y corruptos, fórmulas dignas del reconocimiento. Un rancho vertical en el que suben el agua en motos y donde es posible recomprar objetos robados en la zona. El subdesarrollo, la pobreza y hasta la desidia de un gobierno demagogo se llena de gloria con un premio a su incumplimiento e incapacidad, en medio de puentes caídos, refinerías que explotan y carreteras que se deshacen como galletas.

Pero esta revolución es rica en generar las condiciones para que las obras de la miseria se reproduzcan por todo el país. Si no las acomete la gente, entonces lo hará el propio gobierno, siempre listo para la piratería.

Hay más. La Torre de David, el rancho vertical, es apenas una muestra. Todos esos premios académicos y de la cultura basados en Europa tienen en el chavismo una muy rica muestra de obras para premiar.

Veamos una muestra de los próximos reconocimientos. El Gasoducto del Sur, la grandeza de la revolución más allá de nuestras gloriosas fronteras. El gallinero vertical de El Guarataro, la innovación alimentaria al servicio de la humanidad. El cultivo organopónico de El Conde, tan provocativo que se lo comieron los perros callejeros. La Trocha de las Américas, una obra de emergencia que se convirtió en el retorno vial más caro y más inútil del mundo. Las rayas amarillas pintadas por todas las aceras, puentes, defensas y hasta bordes rotos; sin duda, el mayor negocio en pinturas de la era revolucionaria. Los galpones de los cultivos socialistas de Aragua, tan impresionantes que generan la persecución política del canal que los promueve. El parque La Carlota, al menos seis proyectos distintos se disputarán el premio y la gloria. Agropatria y Sidor, las evidencias de cómo lo que toca el chavismo se convierte en abono de alta potencia. El complejo turístico Los Caracas, con las piscinas más verdes de todo el Caribe. El BusCaracas, sistema de transporte mágico: no transporta nada.

Y hay más. Mucho más.

 

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