El temple de Capriles

Cada uno de nosotros ha tenido en su vida momentos que se nos graban en la memoria y nos marcan. Hubo, en 2002, dos minutos de conversación con Henrique Capriles que nunca se me borrarán y que me demostraron su temple, coraje y valores. Para aquella época, Henrique era el Alcalde de Baruta y yo servía al mismo pueblo baruteño (junto a los de Chacao y El Hatillo) como diputado ante la Asamblea Nacional. Eran los meses posteriores al carmonazo. 
El país vivía a diario y en directo las transmisiones televisadas de aquella comisión especial de investigación en la cual a Liliana Hernández y a este servidor, junto a una decena más de diputados opositores, nos correspondió dar la cara y presenciar todos los interrogatorios y videos que el oficialismo realizaba o mostraba sobre cada uno de los actores de aquellos hechos.

Nosotros también realizamos duras preguntas a propios y extraños para dar con la verdad de los hechos, aun cuando una imparcial Comisión de la Verdad nunca pudo ser instalada por negación del propio gobierno nacional.

Los diputados oficialistas, imponiendo su mayoría, determinaron en sus conclusiones diversas responsabilidades políticas. Nosotros salvamos nuestros votos. Uno de quienes resultó injustamente condenado por el informe chavista fue Capriles, por los hechos ocurridos en la sede de la embajada cubana. El entonces embajador cubano había mentido y había acusado a Henrique de haber sido el autor de los hechos tan condenables que se sucedieron al exterior de la sede diplomática.

Nos constaba, por los propios videos que el oficialismo presentó, que Capriles se había presentado en la embajada cubana para mediar con el grupo de personas exaltadas que a las afueras causaban daños y proferían amenazas. Él había solicitado permiso para entrar y el propio embajador lo había autorizado. Una vez adentro, sostuvieron una conversación que el propio embajador agradeció. Constaba también que había hablado telefónicamente con el embajador de Noruega, a quien le había expresado que Capriles estaba allí por su invitación a entrar, que se encontraban conversando pacíficamente y que estaba muy agradecido por la ayuda que estaba prestándole para que la agresión a la sede diplomática cesara. Esto fue corroborado semanas más tarde por el embajador de Noruega, quien permitió ser grabado y cuyas palabras fueran publicadas.

Luego de concluida la labor parlamentaria, el Ministerio Público inició la investigación penal sobre estos hechos y solicitó, basándose en las mentiras del exembajador cubano, la detención de Henrique ante los tribunales.

Ya teniéndose la información sobre la posible existencia de una orden de detención en su contra, fui llamado a su despacho en la Alcaldía, en donde lo encontré reunido con su equipo de trabajo, su consultor jurídico y sus abogados penalistas. Al verme, comenzaron esos dos minutos que me marcaron y me definieron con claridad quién es Henrique. Me dijo que él no huiría del país. Que esperaría hasta confirmar la orden de detención y que, luego de confirmarla, se entregaría para hacerle frente a la farsa montada en su contra. No tuvo dudas sobre cómo actuar y enfrentó su detención con gallardía y dignidad, por más que hubiera podido escapar de tan injusta orden en ese mismo momento. Se quedó, se entregó al tribunal, fue preso y luchó para que la verdad saliera a luz. La contundencia de esa verdad obligó al gobierno a retroceder y finalmente liberarlo.

Ese mismo temple lo ha venido demostrado durante estos años de su carrera política y ha descollado aún más durante esta injusta y desequilibrada campaña electoral en la cual su oponente insulta, usa todos los medios del Estado y su poder a su favor, encadena a diario y realiza montajes constantes llenos de falsedades en su contra. Henrique sigue teniendo claro que la verdad siempre sale a la luz, que hay que esforzarse y enfrentar la adversidad, sin nunca perder la fe en el futuro.

Cuando hace cuatro días lo escuché dirigirse a las miles de personas que emocionadas estaban concentradas escuchándolo en uno de sus actos y les dijo: “cada uno de ustedes tiene la fuerza para decidir cuál es la vida que quiere”, decidí escribir y publicar estas líneas que demuestran que, lo que nos está diciendo a todos, es algo en lo que él desde su alma siente, cree y practica. Lo practica consigo mismo y por eso ha realizado esta campaña admirable contra toda adversidad. Lo cree posible también para cada venezolano que quiera cambiar su vida y progresar. Tenemos el poder de cambiar. Ese poder es el voto. Tengamos el mismo temple y decisión para darnos a todos la oportunidad de ese cambio al progreso y la unión de nuestra Venezuela.

 

Gerardo Blyde

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