¿Merece seis años más?

 

 

Elides Rojas

 

Destruyó todas las bases morales del país. Dinamitó los principios éticos y morales de una población a la que tomó por asalto para demolerla como conglomerado humano. Creó, mantuvo, enriqueció y protegió a falsos líderes de opinión que por años se convirtieron en los azotes de barrio comunicacionales del país; destruyendo a personas y familias. De estos especímenes hay varios tipos: los que mantiene en nómina de sus canales de televisión y emisoras de radio. Mercenarios puros y simples. Y, el otro tipo, todos aquellos que se ubican en diferentes plataformas del mundo bien tarifados, también mercenarios pero con algo de más clase. Con esto ha conseguido concretar y consolidar una de sus obras más valiosas: generar odio, dividir al país y estimular la violencia, muy característica de estos gobiernos donde la dictadura se tapa por momentos, aunque siempre se sale lo peor. Como en el caso de los asesinatos en Barinas.

La impunidad, derivada de uno de sus alcances más importantes, el apoderamiento de los Poderes Públicos. Ya Aponte Aponte lo dijo con toda la claridad con la que puede hablar un chavista sacado a patadas por su propio clan. Decir que destruyó la justicia, el sistema judicial y las policías es poco. Las dinamitó y construyó una nueva a su servicio. No hay justicia. Y un país sin justicia jamás será una potencia de nada. Este trabajo, sostenido y de calidad, le salió a la perfección. Mete preso al que le provoca, deja ir al que quiere y suelta al que le parece. Solo con eso, y la buena cuota de presos políticos que le ensucian por el mundo la cara de buena conducta democrática que quiere mantener.

En materia de servicios públicos e infraestructura, micomandante vuela lejos. Vale la pena darle no los seis años que ruega por estos días. Es mejor darle 20 años de una sola vez para que no moleste más. Así tal vez termine el BusCaracas o concluya alguno de los sistemas subterráneos que le debe al país desde hace 14 años. Carreteras, autopistas, puentes. En esas materias no deja ninguna duda. No es un asunto de mala gerencia o de incapacidad. Al contrario, para igualar esta obra hay que ser grande. Hay que ser un gerente por encima del promedio. Y ni hablar de energía eléctrica o agua. Medio país está a oscuras para que la otra mitad pueda prender los bombillos. Igual con el agua potable. Buena parte del país urbano a duras penas supera lo que llaman el 3×4. Es decir, tres días con agua y cuatro llenando tobos. Esa es la visión de país desarrollado que vive, justo ahora, su etapa de plata y está a punto de entrar en la era de oro.

Es lo que pide el comandante. No importa lo mal que lo haga. Importa su puesto. Eso es todo. ¿Merece seis años más montado en la silla?

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